
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Mujeres Kichwas:"nada más lindo que manos conocidas nos ayuden a parir"
Mujeres kichwas: “nada más lindo que manos conocidas nos ayuden a parir”
El llanto de una nueva vida rompe el silencio del lugar, unas manos llenas de sabiduría milenaria son el primer contacto que el recién nacido tiene con el mundo, esas pertenecen a las comadronas, indígenas kichwas encargadas de las labores de parto en el Centro Intercultural ubicado en el cantón Loreto, provincia de Orellana
Por más de una década en este sitio, los saberes ancestrales luchan por sobrevivir al avance de la tecnología y a una atención menos humana en los hospitales mestizos. Según Nelson Dueñas, coordinador del establecimiento, los indígenas entienden la importancia de mantener vivas sus raíces, su cultura, en un ambiente de confianza, pues para las mujeres kichwas sienten un ambiente de mayor tranquilidad cuando son atendidas por otra mujer de su misma etnia que será quien le ayude a traer ese tesoro que llevan en su vientre.
El parto vertical es una atención humanizada
Para la mujer kichwa cuando ingresa al hospital tradicional siente un ambiente hostil y se siente más segura dar a luz en su casa, con la asistencia de una partera y todo un equipo técnico conformado por psicólogos, osbtetrices, médicos generales que actúan en caso de complicaciones mayores durante el alumbramiento.
El parto vertical consiste en poner a la madre en una cama muy parecida a la suya, eso le da un ambiente de familiaridad con su hogar, no las camillas utilizadas en los centros de salud. Las parteras indígenas, utilizan una crema a base del aceite de boa para hacer masajes y disminuir las dolorosas contracciones en el parto. Luego de eso la madre se agarra de una sábana para evitar la presión y que el peso del cuerpo se aligere; para esto se pone en posición de cuclillas lo que facilita mayor elasticidad en la vagina y así el niño tiene más facilidad para salir del vientre de su progenitora.
Cuando sale el vástago la vagina se desgarra, en este caso comadronas recomiendan que la paciente tome el chiriyuyo, una hierba medicinal que tiene un efecto desinfectante y previene las infecciones, además se utiliza para los lavados diarios. Si hay presencia de alguna hemorragia, nada mejor que tomar agua de yuca, la misma que se prepara al rallar una porción la que luego se exprime y el jugo obtenido se bebe para frenar el sangrado.
Una vez que el bebé haya nacido, la madre puede sufrir trastornos emocionales, inmediatamente sus nervios son calmados con agua de guayusa, una planta con efectos tranquilizadores para el organismo. Posteriormente, las madres acuden a controles periódicos en los que las parteras se cercioran de la evolución que ha tenido la paciente
Un Centro que prevalece pese a las críticas
El Centro Intercultural número 3, ubicado en el cantón Loreto nació con la idea de prestar una buena atención a las mujeres indígenas que se sienten más seguras dando a luz en un entorno familiar.
Jeanine Crespo, obstetra y trabajadora por más de ocho años en este centro, cuenta que el recelo es un rezago cultural de las mujeres kichwas que por generaciones guardan resentimiento por el sometimiento que españoles y colonos cometieron en contra de sus antecesores. Por tal razón, ellas paren en sus casas y no en un centro particular. A veces, toda esta situación puede causar que las vidas del niño y de la madre corran serios peligros. En el parto importa mucho el estado de ánimo de la parturienta, explicó
La precaria situación en salud que vivían las comunidades indígenas, acentuadas con el terremoto del 5 de marzo de 1987 que sacudió la zona del Reventador, era un panorama desolador para una estudiante de medicina que venia a cumplir un año de servicio en la zona rural.
El equipo principal de capacitación son las parteras, por medio de ellas se llega a brindar atención a la comunidad indígena kichwa, las pacientes son atendidas para aliviar la enfermedad y se busca métodos y campañas para prevenir las mismas. Como en muchas partes se recibe las críticas de personas que no conocen la cultura indígena, hemos tenido que respetar su forma de vivir y adaptarnos a su entorno, expresó Jeanine
Agregados: Área de salud número 3: informes 062893221, Loreto- Orellana
Hay un huerto de plantas medicinales que permite el uso inmediato de la parturienta, de acuerdo a los requerimientos de la partera tradicional, tal cual lo realizan en las comunidades.
Para la cultura indígena, una enfermedad es un problema de la familia, el nacimiento de un niño también, entonces cuando pasa algo con la paciente los familiares permanecen en el centro para acompañarla.
La opción no es sólo para las mujeres indígenas, sino para toda mujer mestiza que escoja el parto vertical como una experiencia en su propia vida
El llanto de una nueva vida rompe el silencio del lugar, unas manos llenas de sabiduría milenaria son el primer contacto que el recién nacido tiene con el mundo, esas pertenecen a las comadronas, indígenas kichwas encargadas de las labores de parto en el Centro Intercultural ubicado en el cantón Loreto, provincia de Orellana
Por más de una década en este sitio, los saberes ancestrales luchan por sobrevivir al avance de la tecnología y a una atención menos humana en los hospitales mestizos. Según Nelson Dueñas, coordinador del establecimiento, los indígenas entienden la importancia de mantener vivas sus raíces, su cultura, en un ambiente de confianza, pues para las mujeres kichwas sienten un ambiente de mayor tranquilidad cuando son atendidas por otra mujer de su misma etnia que será quien le ayude a traer ese tesoro que llevan en su vientre.
El parto vertical es una atención humanizada
Para la mujer kichwa cuando ingresa al hospital tradicional siente un ambiente hostil y se siente más segura dar a luz en su casa, con la asistencia de una partera y todo un equipo técnico conformado por psicólogos, osbtetrices, médicos generales que actúan en caso de complicaciones mayores durante el alumbramiento.
El parto vertical consiste en poner a la madre en una cama muy parecida a la suya, eso le da un ambiente de familiaridad con su hogar, no las camillas utilizadas en los centros de salud. Las parteras indígenas, utilizan una crema a base del aceite de boa para hacer masajes y disminuir las dolorosas contracciones en el parto. Luego de eso la madre se agarra de una sábana para evitar la presión y que el peso del cuerpo se aligere; para esto se pone en posición de cuclillas lo que facilita mayor elasticidad en la vagina y así el niño tiene más facilidad para salir del vientre de su progenitora.
Cuando sale el vástago la vagina se desgarra, en este caso comadronas recomiendan que la paciente tome el chiriyuyo, una hierba medicinal que tiene un efecto desinfectante y previene las infecciones, además se utiliza para los lavados diarios. Si hay presencia de alguna hemorragia, nada mejor que tomar agua de yuca, la misma que se prepara al rallar una porción la que luego se exprime y el jugo obtenido se bebe para frenar el sangrado.
Una vez que el bebé haya nacido, la madre puede sufrir trastornos emocionales, inmediatamente sus nervios son calmados con agua de guayusa, una planta con efectos tranquilizadores para el organismo. Posteriormente, las madres acuden a controles periódicos en los que las parteras se cercioran de la evolución que ha tenido la paciente
Un Centro que prevalece pese a las críticas
El Centro Intercultural número 3, ubicado en el cantón Loreto nació con la idea de prestar una buena atención a las mujeres indígenas que se sienten más seguras dando a luz en un entorno familiar.
Jeanine Crespo, obstetra y trabajadora por más de ocho años en este centro, cuenta que el recelo es un rezago cultural de las mujeres kichwas que por generaciones guardan resentimiento por el sometimiento que españoles y colonos cometieron en contra de sus antecesores. Por tal razón, ellas paren en sus casas y no en un centro particular. A veces, toda esta situación puede causar que las vidas del niño y de la madre corran serios peligros. En el parto importa mucho el estado de ánimo de la parturienta, explicó
La precaria situación en salud que vivían las comunidades indígenas, acentuadas con el terremoto del 5 de marzo de 1987 que sacudió la zona del Reventador, era un panorama desolador para una estudiante de medicina que venia a cumplir un año de servicio en la zona rural.
El equipo principal de capacitación son las parteras, por medio de ellas se llega a brindar atención a la comunidad indígena kichwa, las pacientes son atendidas para aliviar la enfermedad y se busca métodos y campañas para prevenir las mismas. Como en muchas partes se recibe las críticas de personas que no conocen la cultura indígena, hemos tenido que respetar su forma de vivir y adaptarnos a su entorno, expresó Jeanine
Agregados: Área de salud número 3: informes 062893221, Loreto- Orellana
Hay un huerto de plantas medicinales que permite el uso inmediato de la parturienta, de acuerdo a los requerimientos de la partera tradicional, tal cual lo realizan en las comunidades.
Para la cultura indígena, una enfermedad es un problema de la familia, el nacimiento de un niño también, entonces cuando pasa algo con la paciente los familiares permanecen en el centro para acompañarla.
La opción no es sólo para las mujeres indígenas, sino para toda mujer mestiza que escoja el parto vertical como una experiencia en su propia vida
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